Las Rosas Misteriosas

     Cuenta la leyenda, que hace no muchos años, en una casa rebosante de rosales, vivía una misteriosa anciana llamada Rosa, conocida como Rosita. Se veía de unos ochenta años, con cabello negro como carbón, ojos marrones oscuros, piel blanca como nieve y arrugada como pasa de uva. Esta mujer trabajaba como empleada doméstica en diversas casas, y todas estas, tenían rosales. Los habitantes de estas casas decían que aquella anciana era muy rara, algunos contaban que iba al baño y tardaba más de una hora dentro, también decían que parecía que hablaba con las rosas. Nunca se supo el motivo de esto, hasta ese sábado 31 de octubre, en la que dos niños, Santiago y Sofía, vieron algo que nunca deberían haber visto.
     Se hacía la noche y los dos hermanos fueron a pedir dulces a la casa de Rosita. Por supuesto, la extraña mujer les grito que se fueran y que no molestaran más.
     Los chicos eran muy curiosos, por lo que decidieron entrar e investigar el lugar porque pensaban que los dulces estaban escondidos en alguna parte de la propiedad. Al ver que no había nada, optaron por irse. Fue entonces cuando unos hermosos rosales llamaron la atención de ambos. 
     Santiago estiró la mano dispuesto a sacar una rosa para su madre. Cuando la arrancó, todos los rosales empezaron a agitarse con fuerza y en ese instante, la puerta de la casa se abrió, y salió Rosita. 
     Los hermanos estaban muy asustados y la anciana se acercó para agarrarlos. Sofía logró escapar, pero Santiago no tuvo la misma suerte. Aquella mujer lo atrapó con mucha ira y lo adentró a la casa.
     Sofía no paraba de llorar por su hermano, y sus padres llamaron a la policía muy asustados por lo que había ocurrido.
     Los oficiales intentaron tirar abajo la puerta, pero fue en vano. Por suerte, uno de ellos propuso la idea de entrar por la ventana. Y así fue, al entrar encontraron sangre y varias luces parpadeaban agitadamente. Los policias escucharon ruidos en la cocina, y llantos. Caminaron con las armas cuidadosamente, y lo que pudieron ver era terrible.
     Vidrios rotos esparcidos por el suelo, manchas de sangre y Santiago, lastimado pero con vida, llorando pero feliz de ser rescatado. Rosa no se encontraba allí, estaba colgada de una cuerda en su habitación, un suicidio notable. Pero una nota yacía en la cama:



 El momento llego, mis rosas me trajeron por el camino correcto. 
Sólo puedo decirles que no se asusten con lo que pueden llegar a encontrar en 
el jardín, cada rosa, es una victima a la que encontré y una persona que ya no
se encuentra en la realidad. Estaré en está propiedad para toda la vida, aquí 
nací y aquí morí. Quien se quede aquí, sufrirá las consecuencias, cada hora
en los baños, era una hora de tiempo para planear mi venganza.

ATENTAMENTE: Rosita        

FIN.

   

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